domingo, 12 de enero de 2014

SEAMOS GORRIONES

Por Damián Javier Lazota
Huye. Corre desesperadamente en busca de un refugio que lo salve de un feroz ataque. Son más de cien los que van por él y están muy cerca de alcanzarlo. Corre, corre, corre,... “corré por tu vida” parecen decirle a los gritos algunos curiosos ocasionales. Miro asombrado la escena. El asesino, el siempre asesino está a punto de ser ajusticiado por sus habituales víctimas. Habituales por historia y destino.

Pasó en aquella convulsionada Argentina de los hambrientos, de los desamparados, del corralito, del FMI, de los cinco presidentes, del Racing campeón...
Fue a la mañana, temprano, con un sol tímido que se prometía cruel, sofocante.

En aquel fatídico diciembre el victimario, aunque sea por esa vez, pasó a ser víctima. Y yo testigo privilegiado de lo ocurrido.

Fue entonces que la naturaleza me dio una lección política y social de lo que pasaba en nuestro país. Un agazapado gato, a punto de dar el zarpazo mortal contra un pichón es visto por los gorriones que evidentemente todavía estaban en el frondoso árbol. El felino, que no se percató o supuso que los pájaros tendrían una actitud pasiva, temeraria, fue sorprendido por una bandada de gorriones que en defensa del pichón se lanzaron hacia él en una escarmentada y desenfrenada persecución.

La maratónica corrida duró un instante. El exhausto y atónito gato finalmente se refugió en un achaparrado arbusto. Aquella vez, los gorriones daban cuenta que juntos podían ahuyentar a la fiera. Sabían que si sumaban esfuerzos podían combatir al enemigo.

Siempre nos enseñaron que el más grande se devora al más pequeño, que el perro se come al gato y el gato al ratón. Es así que estamos programados para pensar en ese sentido. ¿Cómo enfrentarnos al más poderoso en una apariencia de debilidad?

Jamás olvidaré aquella enseñanza. La naturaleza en una coyuntura nacional de difícil predicción me mostraba el camino en tiempos de piquetes, cacerolas y asambleas. Todo un síntoma. Los gorriones tenían su propia revolución, y los argentinos un camino largo y sinuoso.