domingo, 5 de enero de 2014

UN INSTANTE

Por Damián Javier Lazota
Cuando la indiferencia se convierte en rutina transitamos los estrechos caminos del egoísmo, un sentimiento con el que conscientemente o no, en apariencia nos sentimos a gusto. Esa indiferencia podría traducirse en falta de compromiso con el otro. Y como se sabe, el compromiso nos convierte en seres sociales a la vez que provoca ese mal tan de nuestra época llamado estrés.

Un instante es el tiempo que se demora en atravesar el cambio -seguramente- más trascendental en la vida de un ser humano. Pasamos de un estado a otro casi sin darnos cuenta. Lo cierto es que para sufrir esa transformación se deben atravesar etapas de angustia, dolor y enojo con el entorno que nos rodea. A alguien tenemos que culpar de nuestra fatal indiferencia, porque es probable que quien no sea capaz de adquirir a tiempo -o lo haga tardíamente-, empatía con el prójimo, sentirá un profundo sentimiento de culpa por no advertir lo que pasaba frente a sus ojos cuando todo se mostraba impúdicamente.

Esa fue la sensación de quien suscribe -y de todo un universo de ciudadanos que se organizaron en asambleas barriales-, cuando en 2001 pasó lo que tenía que pasar, lo inevitable...

Y pasó que en medio de tanta oscuridad vimos un pequeño haz de luz. Para muchos, la crisis fue el despertar, una especie de pequeña revolución interna donde el pueblo sintió que tenía la oportunidad histórica de construir una sociedad justa, menos desigual. El mismo sentimiento que tantos ciudadanos del mundo habían tenido con anterioridad. Esta manifestación de voluntades políticas tenía la particularidad de ser la última en un país que había sido erigido como ejemplo por el FMI, y en donde se cumplió a rajatabla con sus recetas.

Lo que siguió es conocido por todos, tendremos tiempo para puntualizar, hacer foco sobre distintos aspectos de interés general. Las crisis parecen funcionar como llaves que abren las cabezas de quienes unos instantes antes estaban en estado de latencia. Lo que lleva a pensar que el compromiso se construye en el día a día. No existen fórmulas secretas. Desterrar el egoísmo puede ser el comienzo, una buena fórmula para pasar de un estado a otro en un instante.