domingo, 23 de marzo de 2014

UN NUEVO NUNCA MÁS

Por Damián Javier Lazota
En vísperas de un nuevo aniversario conmemorativo del último golpe de Estado, la democracia argentina está aún en deuda con la sociedad y su memoria histórica.

El 24 de marzo de 1976 el terrorismo de Estado se apropiaba del poder dando fin al breve período democrático comenzado en tiempos de Cámpora cuando asumió la presidencia un 25 de mayo de 1973. Una vez más el voto ciudadano era secuestrado, esta vez por poco más de siete años.

Con la excusa de impedir el avance de minúsculas organizaciones armados -que en realidad estaban desarticulados-, las fuerzas armadas arremetían contra la democracia para torcer definitivamente el rumbo de su matriz económica-productiva, el verdadero fin del golpe. Finalmente el sueño de la Sociedad Rural comenzaba a tomar forma, incluso en tiempos de democracia como el gobierno peronista de Carlos Menem.

Para lograr que el país se limitara a la agro-ganadería, la junta militar se valió de un ministro de economía ligado a los mercados financieros mundiales, fue así que el nefasto Martínez de Hoz pronto se convertiría en el promotor de la liberación del mercado financiero en Argentina quien junto a sus predecesores, al término del gobierno de facto multiplicaría en seis veces la deuda externa, de 5.295 millones de dólares a 30.107 millones de dólares en 1983 -entre la que se encontraba la estatización de deuda privada- y una industria maltrecha por la apertura de mercado.

Hoy no caben dudas que estos cambios se debieron a las fuertes influencias de los EE.UU. en los países de la región y hombres y mujeres dispuestos a traicionar a sus compatriotas. Existen sobradas pruebas al respecto.

Creo necesario destacar que posiblemente el primer gran golpe a la democracia de nuestro país en los últimos cincuenta años la protagonizó el gobierno de facto de Onganía, cuando a un mes de tomar el poder dio lugar a una brutal represión en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en especial. Como resultado, cientos de científicos, profesores y equipos completos de investigadores renunciaron, fueron expulsados y/o emigraron a otros países. Todo un síntoma del cambio de paradigma que por medio de la fuerza instalarían una década más tarde. El vaciamiento científico cultural fue el comienzo de la decadencia que nuestra sociedad, en parte víctima, padecería hasta nuestros días.

A casi 32 años de democracia ininterrumpida, desde lo político se observa con preocupación que el auto denominado gobierno progresista; erija a César Milani, -acusado de participar en el “Operativo Independencia” y colaborado con el alzamiento carapitada-, como jefe del ejército, no haya derogado la ley antiterrorista, no plantee una reforma agraria, considere el aborto punible y no investigue el origen de la deuda externa entre muchas otras iniquidades que se suceden en el plano nacional. Estas son algunas de las cuentas pendientes.

Es cierto que se han sumado derechos civiles que son bienvenidos, pero la matriz económico-productiva es la misma que se instauró en el último golpe militar y fortaleció el Partido Justicialista en la década de 1990 con la inacción de la Alianza en su continuidad.


DEMOCRACIA EN PELIGRO

En otro ámbito, a la democracia la daña que Julio López desaparezca a la luz del día, que los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel sigan impunes como la explosión de Río Tercero, hechos de corrupción en los gobiernos democráticos desde su recuperación, justicia inoperante, oposición débil, más pobreza, menos salud y educación, el trabajo esclavo, la trata de personas para la prostitución, el narcotráfico...

Como reflexión final, estoy convencido que mayor participación de la ciudadanía en los actos de gobiernos nos dará más y mejor democracia, pues los espacios que no ocupa la militancia, los hombres y mujeres de bien con valores humanos que reconfortan la especie son ocupados por otros.

Construir un presente pensando en el futuro y recordando el pasado para evitar cometer viejos errores y horrores parece ser la consigna que honre la memoria de quienes dieron su vida por una Argentina con equidad, justicia y educación.